Estos días me he estado planteando qué cosas son las que hay que fotografiar para ser un buen fotógrafo de bodas. Lo primero que te dicen cuando empiezas en la fotografía de bodas es que no puedes perder ni un momento, pero la cantidad no hace la calidad, puedes disparar miles de fotos, pero si no sabes en qué cosas tienes que estar, puedes estar seguro de que no va a salir bien.

Poco a poco te vas dando cuenta de que los detalles y los momentos son importantes. Hasta lo más nimio es significativo, los novios llevan meses pensado y repensado toda la boda para que cada uno de los detallitos que hay en ella cuente, es un día muy especial que han decidido compartir con quien tienen más cerca y por eso mismo, gran parte de su empeño está en que sea inolvidable también para ellos.

El fotógrafo de una boda también ha sido elegido para pasar con ellos ese día, es decir, de entre todos los fotógrafos de boda en el mundo, tú estás compartiendo ese día especial con ellos. Creo que la diferencia está en poder ser uno más de esa pequeña reunión de gente que ha pasado por su vida, eres su fotógrafo, sí, pero también una persona que puede acompañarles de forma fácil y alegre sabiéndote también parte de ese día tan importante.

Para mí ser un buen fotógrafo de bodas es ser un artista, es saber que tienes que combinar muchísimas habilidades en sólo unos pocas horas. Saber cómo hacer buenos bodegones, retratos, fotografía  de paisajes, de arquitectura y documental, pero sobre todo tener seguridad en ti mismo y poder darle esa seguridad a los novios en su día. Te enfrentas a múltiples retos en a penas minutos, a lidiar con el exceso y con la falta de luz y aprendes a utilizar los pocos recursos que tienes en ese momento para hacer que la foto se convierta en algo inolvidable. A veces también es necesario recordar que menos es más y que no por intentar cubrirlo todo vas a tener un mejor resultado. Tener y demostrar empatía, saber estar y transmitir calma, saber en qué momento puedes tener una buena foto y en cual parar porque el instante vale mucho más que interferir en él.

Lo que más me gusta de este trabajo es compartir la alegría de los novios, verles felices y ver a la gente de su alrededor quererles por lo que son. Dejar los malos momentos a un lado, porque es un día para disfrutar y para recordar, una especie de limbo en el tiempo y en el espacio. Por eso, para mí, es primordial tener un primer buen contacto con los novios, saber qué les gusta y cómo van a preparar su día. Incluso trabajar con ellos antes, hacer una mini sesión previa, saber de qué lado se gustan más y que pierdan en miedo a una cámara que, a veces, parece demasiado grande. Fomentar la confianza por ambas partes, ya que, al fin y al cabo, qué mejor que poder contar con un amigo fotógrafo el día de tu boda, en vez de con sólo un operario de fotografía.

Con toda mi ilusión, espero que os guste,

Cristina.

 

 

SHARE
Comentarios